Gustavo Villapol: Avanzar en dolor mayor

No ha pasado ni un mes del desastre y pareciera que pasó un año. Saber avanzar en dolor mayor es de las cosas mas difíciles que e hecho en mi vida. Ver familiares, hermanos, amigos que quedaron en el camino, familias con las que uno se crió que lo perdieron todo es de los dolores más fuertes que he experimentado. Perder a Gabriel como amigo, hermano y que Venezuela lo perdiera como cuadro es un dolor profundo. Pero nada de eso nos ha detenido, desde el día 0 tuvimos que navegar entre la tormentosa agua del dolor y el huracán del deber.
Personalmente me tocó dar la batalla con un sector de la sociedad donde el dinero y los intereses hacen de la comunicación, en algunos casos no en todos, una caterva de mercenarios que juegan con el dolor ajeno y que en mi propio dolor tenía que soportar mercenarios de la comunicación que se lucran sobre lo muertos de miles de familias afectadas, a veces para cobrar una comisión o simplemente por intereses políticos, a dos días de la tragedia un reportero internacional recuerdo me gritaba exigentemente que lo dejara caminar sobre los muertos porque ellos estaban compitiendo entre ellos por la mejor foto. Pero este pueblo se forjó en los hornos de SIDOR, donde el calor derrite el metal más poderoso, pero no puede con el espíritu indomable de nuestra Fuerza. La solidaridad que se despertó entre nosotros sin importar nuestra ideología o creencia, pasó por encima de la miseria y vi en cada escombro, sobre los cadáveres el acento de bomberos, soldados, policías, pueblo, maracucho, caraqueño, llanero, gocho, todos perdidos en la Guaira, sacando escombros y gente.
Hoy limpiándonos el polvo del camino, veo que los últimos 30 años no han sido en vano, los campamentos están financiados por el estado venezolano igual que la reconstrucción, pero dirigidos por el pueblo organizado que es el mayor legado que le deja El chavismo a este país. El renacer de Venezuela lo vi ayer en la sonrisa de los niños y niñas que aunque lo perdieron todo en los campamentos jugaban y reían, sus padres los veían con ojos llorosos comprendiendo que en medio del dolor a los venezolanos nos sostiene esa sonrisa eterna.